domingo, 1 de septiembre de 2013

Prólogo.


No había sitio que le gustara más a Danielle que la casita del árbol. Era el sitio perfecto para jugar o estar tranquila, y era más perfecto cuando lo compartía con su mejor amigo, al que conocía casi desde que nació, ya que era su vecino, y nunca se habían separado desde entonces. 
Aquel niño era el único que conseguía que Dani se olvidara de todo con sólo su presencia. Siempre la hacía reír con sus bromas y le encantaba escucharle cantar. Se reunían todas las tardes en aquella casita del árbol que su padre construyó hace unos años y pasaban allí la tarde, merendaban, hablaban... porque no había secretos entre ellos, nunca los había habido, no había nadie en quien confiaran más que el uno en el otro.
Ambos solían ser puntuales en sus citas diarias, pero un día parecía que su gran amigo se retrasaba, demasiado. 
Al principio Dani no se preocupó, pensando que se habría entretenido con algo. Le encantaba que su amigo fuese tan soñador, tenía grandes sueños que esperaba algún día alcanzar y ella siempre le apoyaba en todo.
— Siento el retraso — Dijo cuando por fin apareció por la puertecita de la casa del árbol.
A pesar de que Dani se alegraba mucho de que haubiera llegado, él no parecía tan feliz, parecía preocupado y triste.
— ¿Te pasa algo? — Dani era la persona que mejor le conocía, sabía cuando algo no iba bien.
— ¿A mí? No, qué va...
— Bueno, si tú lo dices... Sabes que somos amigos y puedes confiar en mí.
Él no dijo nada, simplemente se acercó y la abrazó. Sus abrazos eran los mejores, sin duda. Era como abrazar a un gran oso de peluche.
Qué sentimientos tan grandes para niños de apenas 7 y 8 años. Algo que Dani siempre había sentido por su vecinito, pero no estaba segura de que él sintiera lo mismo, eran muy pequeños todavía.

El pequeño amor de Dani no volvió a la casita del árbol en los siguientes 3 días. Danielle estaba preocupada y decidió ir a buscar a su amigo a su casa. Su sorpresa al llegar fue encontrar coches y camiones en la puerta, pero lo más sorprendente fue ver a su mejor amigo montado en uno de los coches y este, al verla a ella, bajó la cabeza como si buscara algún sitio donde esconderse.
La madre de Dani estaba en la puerta de casa, acababa de terminar de hablar con la vecina que le había dejado varias cajas y bolsas.
— Mamá, ¿qué pasa con los vecinos? — Finalmente se atrevió a preguntar, aunque estaba asustada por la posible respuesta.
— ¿No te ha contado nada su hijo? 
Danielle negó con la cabeza.
— ¿Se van?
— Su padre ha encontrado trabajo en Dublín.
— ¿Cuándo volverán?
— Danielle, esto es permanente... 
— Porque volverá, ¿no?
— Cielo, van a empezar una nueva vida allí...
Justo en ese momento, el coche de sus vecinos arrancó. Todos se despedían por las ventanillas del coche, excepto él, que miraba a Danielle con una mirada triste de pena y culpabilidad.
Danielle no era consciente de lo que veía, ¿su mejor amigo se iba? ¡Pero si no se había ni despedido de ella? Seguro que debía ser algún error. Si por lo menos pudiera haberle pedido alguna explicación...
— Pero mamá...
— No Dani, Niall no va a volver.
Y fue en aquel momento en el que fue consciente de que esa sería la última vez que veía al que había sido su mejor amigo y su gran amor.

No hay comentarios:

Publicar un comentario